Listen to El Mariachi Loco by Mariachi de la Ciudad de México de Pepe Villela
Unos días antes de ir a México, empecé a inquietarme por el viaje, tal vez porque sé qué significa el viajar con dos niños pequeños. Además, Teotihuacán no es precisamente un lugar para vacaciones, más bien es un lugar para despertarse, y todos sabemos cómo se siente uno al ser despertado de un profundo sueño…
A veces la vida en EU es como un gran sueño: todo es fácil, y todo lo que uno conoce está dentro de su burbuja. Teotihuacan hace reventar la burbuja y saca de nosotros lo auténtico, que a gritos pide que bailemos. La música de los mariachis es como un enorme despertador: después de un día de aterrizaje en la Luna se necesitaba una noche para descender. Alberto, el socio de mi esposo aquí en la Casa para Soñar, organizó una fantástica celebración del cuadragésimo aniversario de una de las participantes de la excursión: en México, este momento no pudo pasar sin fiesta.
Me quedé despierta hasta muy tarde, platicando con algunas de mis personas favoritas. En la excursión participaba Mary Alice, al igual que un grupo de nuestros amigos que viven en la isla de Bermuda, incluyendo a Sarah White o, como le llamo yo, “Lady Gaga”. Esta mujer es tan real e increíble que debo hacer un esfuerzo para contenerme y no sentarme a sus pies.”¿Y qué la mueve?”- me preguntarán. Ha llevado una vida tortuosa, sinuosa y divertida, llena de fracasos y éxitos, y a sus casi 70 años siempre está dispuesta a divertirse y se trepa a las pirámides. Yo podría agregar que sigue siendo una mujer sensacional. Hace mucho, mi madre me aconsejó alinearme con mujeres que guiaran con el ejemplo, y Sarah White es una de estas mujeres. Creo que las ideas de perfeccionar nuestras vidas han cambiado. Ciertamente, las únicas mujeres perfectas que veo son las que tienen muchos desperfectos pero están llenas de bellas grietas. ¿Acaso no somos así todas?
Después de una noche de risitas femeninas, pronto llegó la mañana del lunes. Pensé quedarme en casa y descansar, pero el susurro de la gran sabiduría rozó mi oído y escuché: “Vuelve a acompañarlos hoy”. No suelo unirme a los grupos de viajeros que vienen, por muchas razones, pero principalmente por la responsabilidad de mis hijas y mi hogar. Además, me he dedicado a este tipo de trabajo desde veinteañera y he entendido que el viaje está dentro de mí y que raras veces importa si me encuentro en Teotihuacán o en Nashville. Dicho lo anterior, Teotihuacán es un lugar poderoso, que a veces nos da una nalgada…
Me puse algo de ropa y me reuní con el grupo en el Palacio de los Jaguares, o de los Maestros, como se les llamaba. Isabella estaba ahí con Lee, y pensé que me iba a conectar con ella. Al pasar por cada espacio sagrado, hacíamos reverencias y agradecíamos a los Maestros. Yo le había explicado a Bella que ellos eran como grandes lamas, y ella pidió que les habláramos en hebreo, la lengua que entendía Jesús. Creo que Bella entiende perfectamente que todo es lo mismo: conectarse.
Al concluir sus caminos espirituales, los Maestros se dirigían a otra sección meditando, a través de un gran portal o entrada, para llegar al otro lado, a un “agujero o túnel”. Fácil y graciosamente, llegué a este portal soñando que estaba dentro, imaginando la vida del otro lado, imaginando mi vida del otro lado. Entonces, al retirarme me acordé del agujero y el túnel. Lo estaba haciendo. Estaba entrando a mi centro – mi centro de enfermedad, mi propio centro humano interior de mi propia tierra personal, y había encontrado una salida de aquella casa, para escapar de las oscuridades donde había estado.
Antes de partir de Nashville tuve una conversación con Carri; yo estaba nerviosa pensando en el viaje, preguntándome con preocupación si mi cuerpo podría viajar, pues Teotihuacán no es un confortable centro vacacional. Es una ciudad formidable y sensacional, pero elevada a una altura de 2,100 km y además ¡espantosamente seca! Y resulta que soy un mango, amante de la humedad y el agua tibia, ¡denme humedad y yo mando! Volvamos a la conversación con Carri: dijo que no me preocupara y que tal vez yo esté acercándome a mi núcleo, verdaderamente desplazándome a través del centro de mi recuperación física. Claro, al estilo de la Princesa Sabelotodo, discutí con ella y traté de taparme los oídos. Luego le volvía a llamar, la escuché y resultó que ella tenía razón, y le di las gracias. En mi camino acá, empecé a pensar en el estar en el centro de cada aspecto de mi ser y de mi vida, posicionándome en mi centro y luego avanzando.
La Dra. Joan Borysenko, especialista en biología celular, participaba en esta excursión con Lee, y quise conectarme con ella. Es una de mis colaboradores editoriales y una amiga mía. Joan SABE cómo las células enfermas crecen y cambian de acuerdo con la percepción emocional de la persona. La he escuchado hablar muchas veces antes de que me enfermara yo misma, y ahora su sabiduría vuela a casa y toca el timbre. Nuestra primera conversación aquí fue más bien una declaración. Cuando me preguntó cómo estaba, le contesté con lágrimas en los ojos: “Sé que estoy mejor, pero mi mente me dice que sigo enferma. Mi cuerpo ESTÁ más fuerte, pero mi mente quiere identificar la enfermedad”. Me abrazó y dijo: “Es la última pieza, domínala”.
Así que yo estaba sintiendo la emoción de pasar por el túnel, cuando Lee dijo que yo tenía que subir a la Pirámide del Sol. Solté una risita y dije: “No, no estoy para esas cosas”. Entonces Bella, mi valiente pequeña guerrera, dijo: “Tú puedes, mamita, anímate.” Por supuesto, una de mis principales metas como progenitora es criar a mis hijas para que se conviertan en mujeres fuertes y valientes, que crean en sí mismas. El no subir a la cima no era una opción, ¡y esta pirámide sí que era alta! La he escalado un montón de veces e hice berrinche sólo una vez, en mi primera subida. Me di cuenta de que tenía miedo a las alturas, cuando estaba a medio camino; logré llegar a la cima, pero ¡sólo agarrándome con las manos y las uñas! Luego escarbé profundamente para entender este miedo, ¡y me di cuenta de que era un montón de miedos que se ocultaban en la parte posterior de mi armario interior, desbordando el cesto de la ropa sucia! Durante años he trabajado en soltarlos y realmente he avanzado más de lo que creía posible, como ya dije, ¡y desde entonces he subido a esa pirámide muchas veces! No entendía por qué me volví a sentir insegura, sobre todo teniendo en cuenta que yo acababa de verme a mí misma avanzando.
Al llegar al segundo nivel de empinados escalones, tuve que sentarme e intentar no ver hacia abajo. Estaba sudando sintiéndome insegura. Lee trataba de ayudarme a seguir caminando, pero me quedé inmóvil. Al cerrar mis ojos y oír el llamado de Bella, agarré la cuerda que se usa para escalar y seguí subiendo. Volví a oír la voz: “Usa las piedras como espejos y permíteles reflejar aquello que no te deja avanzar.” Mientras me aferraba con una mano a las piedras de la pirámide y con la otra, a la cuerda, mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Me vi sola, aislada, llena de miedo, adolorida emocional y físicamente. Yo era testigo de mi miedo y mi duda. Para llegar a la cima de la Pirámide del Sol faltaban sólo tres metros. En vez de continuar, me senté junto a la pared, cerré mis ojos y le brindé mucha compasión a Mee Tracy. Me llamó Lee para que yo subiera más aún, pero le dije que quería estar sentada a solas con Mee. Un poco antes, esa misma mañana, “Lady Gaga” se me acercó para compartir una pista que había recibido ese día: “Hey, chiquilla (de esta genial manera de hablar que es muy suya), tengo algo para ti. Nunca vayas en contra de ti misma, ni en el trabajo, ni en la amistad o en la familia. Confía en ti y llegarás.” Así que me quedé sentada, porque sabía que no necesitaba treparme hasta la cima: pues, mi vista era suficientemente buena y llegué a una altura suficiente para ver a Mee.
Para alguien como yo, quien suele presionarse hasta quedar derrumbado, esto fue un logro. Al igual que el ratón en mi sueño, yo también encontré el agujero.
Los toltecas creían que uno podía pasar por los portales y entrar a otras dimensiones y que tal ascenso era posible. No sé si ellos efectivamente volaron a las estrellas, pero sí SÉ que ascendemos y nos movemos a través de nuestros centros, volviéndonos más nosotros mismos y menos, miedo.














