Tengo que sacar este blog, y no sé bien por qué me ha tomado tanto tiempo terminar de escribirlo. Bueno, esto no es del todo cierto…
El sábado pasado, cuando metimos las cosas al auto y partimos a Florida, sucedió algo en el momento en que subimos al coche: desaparecí retirándome a mi propio mundo. No soy de los que disfrutan de largos viajes en coche; sin embargo, las primeras siete horas parecieron transcurrir rápidamente, mientras yo soltaba todo aquello a lo que me había aferrado tanto.
Los diez días previos al viaje fueron dedicados al fin del año escolar, la limpieza después de la inundación y la recuperación posterior. Hemos avanzado, desembolsando dinero a cada rato (tanto a la SBA o la gente de los préstamos para desastres, como a la FEMA), pero cruzamos los dedos para que todo eso termine pronto.
En cuanto a las niñas, se trataba de concluir su ciclo en la escuela actual: Bella no regresará, y parece que Lola, tampoco. En el caso de Bella, se da por entendido que ella quiere cambiar y entrar a un ámbito más estructurado y de mayor calidad académica. He encontrado una nueva escuela privada cerca, a la cual se llega caminando. Esperamos que eso le ayude a integrarse a una verdadera comunidad. Con Lola el asunto está menos sencillo: ella AMA a sus maestras, y en realidad a mí también me caen bien. Sin embargo, el hecho de que en su salón he tenido un contacto breve con unas mujeres verdaderamente lindas pero no he establecido vínculo con ellas, me incomoda. Si Lola tuviera más edad la situación no presentaría ningún problema, pero el hecho de que está en preescolar, cuando se trata de pasarla bien y gozar de amistades y de citas para jugar, me convence de que debo buscarnos una situación mejor si tenemos que quedarnos en Nashville. A mi mamá NUNCA le gustó el Colegio Oberlin, tampoco estableció vínculos, y eso representó un obstáculo para mí: si ella hubiese participado más, mi experiencia habría tenido una influencia más positiva. Al salir del picnic organizado por el salón de Lola tuve una conversación seria conmigo misma: “Debo encontrar una manera de integrarnos a una comunidad: la escuela actual de las niñas no nos conviene”. Dando vueltas a todos estos pensamientos me doy cuenta de que la situación está que arde: sus mejores amigas – las niñas de Marielle – se han ido a México, donde se quedarán a vivir.
Eso me trae a la mente la parte más difícil de las últimas semanas, las despedidas… Yo sé, yo sé, los oigo a todos: que no hay despedidas, que puedes mantener la amistad…Sé todo esto por nuestra vida de gitanos: lo he hecho con todos mis amigos. Sin embargo, como lo entendemos Marielle y yo, no es lo mismo. Nos hemos apoyado de verdad una a la otra en nuestra aventura en Nashville, pero lo que me sorprendía era mi relación con sus hijas. No soy de los que se vuelven locos por los hijos de otra gente; sinceramente, estoy muy ocupada. Pero durante el año pasado de veras quise apoyar a mis pequeñas, y las hijas de Marielle fueron un complemento perfecto para las mías: increíblemente, son de mucho mundo ya que tienen un hogar en París y en la Ciudad de México; son sumamente inteligentes, flexibles y creativas. Desde muy temprano empezamos nuestros paseos en coche, las recogía después de las clases, nos juntábamos para jugar y escuchábamos música a todo volumen en mi coche, lo cual las incitaba a bailar sentadas y hacer tonterías (aprendía algo de eso con mi propia mamá).
La última semana de su estancia en Nashville, conviví con ellas lo más que pude. Durante nuestra última salida al Dragon Park Inés, la mayor, desapareció: descubrí que ella había trepó al dragón cubierto de mosaico y estaba llorando. Subí también y me senté a su lado, entonces empezó a compartir conmigo: “Sabes, Mee, este dragón me ayuda a recordar mi vida aquí, en Nashville: estoy pensando en todos los lugares donde he estado y los lugares que yo quería visitar, pero a donde mi mamá no me pudo llevar. Este dragón, incluso, me está ayudando a recordar este mismo momento que estoy pasando contigo”. Le di unas palmaditas en la espalda, impresionada por la profundidad de la comprensión que tenía esa niña de ocho años, y le dije con sosiego: “Estás viendo el tiempo, es lo que más me gusta hacer”. Sollozó más fuerte, preguntando: “¿Cómo puede ser que nadie más lo haga?” Le expliqué que muchos sí lo hacen, pero no se dan cuenta de eso o están tan felices de tan sólo ver el momento presente que su tiempo para reflexionar llega más tarde.
El último día que pasamos juntas, Marielle me dio un regalo. Al abrirlo, mis ojos también se llenaron de lágrimas: su regalo reflejaba lo que yo soy verdaderamente y por lo que lucho. Mis lágrimas eran una señal de que yo me di cuenta de que Marielle SABÍA quién soy: lo único que queremos todos es ser lo que somos.
El astrólogo Bill Atride me dijo acerca de mi traslado a Nashville que éste era mi “lugar de dicha y destino”, donde yo iba a establecer SÓLO relaciones conmovedoras. Lo que no entendí era el que una de esas relaciones conmovedoras sería la que tendría con dos chiquillas, que éstas me inspirarían y llenarían mi vida. Tampoco pensé que ellas iban a influir sobre mí de esta manera – mostrándome que yo misma también ejerzo cierta influencia.
Así que estoy sentada en la magnífica casa de mi suegra – una verdadera vista de Tara arriba del río Saint John; hay magnolias floreciendo por doquier y musgo español colgando de cada árbol que lo tiene…Esa casa es como una elegante cápsula del tiempo para viajar a otro mundo – perfecta para una chica como yo, que ahorra tiempo.
Marielle, te extraño y agradezco tu amistad. He pensado en nuestras pláticas acerca de qué lugar de interés visitaríamos ahora y quiénes seríamos. Creo que tal vez tengas razón y Nashville resulte ser mi “lugar de interés”.
















